viernes, 17 de octubre de 2014

SEMANA XIX TIEMPO ORDINARIO A

Reflexión Semanal
DAR A DIOS LO QUE ES DIOS


El ser humano se empeña una y otra vez en buscar a dioses a su medida, como si el único y verdadero Dios no fuera bastante. Es un acto de soberbia en el que podemos caer todos, un acto que nos puede llevar a nuestra propia aniquilación. Porque no aceptamos a Dios, porque queremos otra cosa, porque nos creemos mejor que Él, y de esta manera nos empeñamos en decirle a Dios como debe comportarse, como deben ser las cosas y por lo tanto nos autoproclamamos dios al querer suplantarle o fabricar otro que se adapte a lo que me conviene.
Hoy recibimos ese mandato de la misión del anuncio de poder llevar un mensaje distinto a todos los hombres un mensaje de plenitud, de salvación y de trascendencia.
San Pablo nos propone como gran virtud la perseverancia, el continuar adelante en la misión a pesar de las dificultades y de los problemas, es hora de saber afrontar la existencia con el don de la fe y de la esperanza. Se nos puede llenar la boca de testimonio de Cristo, de amor, pero ante la dificultad surge nuestras dudas, ¿si soy bueno, porque las cosas no siempre me salen bien o como yo quiero? La fe no es una carta u hoja de ruta que nos deja al margen de la condición humana. De ahí surgen aquellos enfados, de no sentirnos apremiados por nuestra fidelidad. El Señor nos habla de vencer las dificultades, de seguir adelante, de llegar a la meta que en ocasiones puede ser el martirio.
Y por eso nos lleva a vivir en este mundo rompiendo la esclavitud que nos ata a este mundo. Los judíos tientan a Jesús, le enseñan una moneda del Cesar y le preguntan si es lícito pagar los impuestos. Él no contesta lo que ellos quieren escuchar que no hay que pagar para decir que es un rebelde y así poder condenarlo. Jesús nos invita a no caer en la trampa del mundo, y se nos recuerda algo fundamental para el cristiano, y es que hay que obedecer antes a Dios que a los hombres.
Javier Abad Chismol



XXIX Domingo del Tiempo Ordinario
Ciclo A  Octubre de 2014
            Primera lectura
                Llevó de la mano a Ciro para doblegar ante él las naciones
Lectura del libro de Isaías 45, 1. 4-6
Así dice el Señor a su Ungido, a Ciro, a quien lleva de la mano:
«Doblegaré ante él las naciones, desceñiré las cinturas de los reyes, abriré ante él las puertas, los batientes no se le cerrarán.
Por mi siervo Jacob, por mi escogido Israel, te llamé por tu nombre, te di un título, aunque no me conocías.
Yo soy el Señor y no hay otro; fuera de mí, no hay dios. Te pongo la insignia, aunque no me conoces, para que sepan de Oriente a Occidente que no hay otro fuera de mí.
Yo soy el Señor, y no hay otro.»
Palabra de Dios

            Salmo responsorial
            Sal 95, 1 y 3. 4-5. 7-8. 9-10a y c
R. Aclamad la gloria y el poder del Señor.
Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R.

Porque es grande el Señor,
y muy digno de alabanza,
más temible que todos los dioses.
Pues los dioses de los gentiles son apariencia,
mientras que el Señor ha hecho el cielo. R.

Familias de los pueblos, aclamad al Señor,
aclamad la gloria y el poder del Señor,
aclamad la gloria del nombre del Señor,
entrad en sus atrios trayéndole ofrendas. R.

Postraos ante el Señor en el atrio sagrado,
tiemble en su presencia la tierra toda;
decid a los pueblos: «El Señor es rey,
él gobierna a los pueblos rectamente.» R.

            Segunda lectura
            Recordamos vuestra fe, vuestro amor y vuestra esperanza
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses 1, 1-5b

Pablo, Silvano y Timoteo a la Iglesia de los Tesalonicenses, en Dios Padre y en el Señor Jesucristo. A vosotros, gracia y paz.
Siempre damos gracias a Dios por todos vosotros y os tenemos presentes en nuestras oraciones.
Ante Dios, nuestro Padre, recordamos sin cesar la actividad de vuestra fe, el esfuerzo de vuestro amor y el aguante de vuestra esperanza en Jesucristo, nuestro Señor.
Bien sabemos, hermanos amados de Dios, que él os ha elegido y que, cuando se proclamó el Evangelio entre vosotros, no hubo sólo palabras, sino además fuerza del Espíritu Santo y convicción profunda.

Palabra de Dios

            Aleluya
Flp. 2, 15d. 16
Brilláis como lumbreras del mundo,
mostrando una razón para vivir.


            Evangelio
           
Pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios
Lectura del santo evangelio según san Mateo 22, 15-21

En aquel tiempo, se retiraron los fariseos y llegaron a un acuerdo para comprometer a Jesús con una pregunta. Le enviaron unos discípulos, con unos partidarios de Herodes, y le dijeron:
- «Maestro, sabemos que eres sincero y que enseñas el camino de Dios conforme a la verdad; sin que te importe nadie, porque no miras lo que la gente sea. Dinos, pues, qué opinas: ¿es lícito pagar impuesto al César o no? »
Comprendiendo su mala voluntad, les dijo Jesús:
- «Hipócritas, ¿por qué me tentáis? Enseñadme la moneda del impuesto. »
Le presentaron un denario. Él les preguntó:
- «¿De quién son esta cara y esta inscripción?»
Le respondieron:
- «Del César.»
Entonces les replicó:
- «Pues pagadle al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.»


Palabra del Señor

martes, 5 de agosto de 2014

SAN ROQUE

SAN ROQUE Y EL PERRO QUE LE SALVÓ LA VIDA

San Roque nació a mediados del 1300 de Montpellier (Francia). Hijo único y tardío de una familia devota y muy pudiente (su padre era el Gobernador de la ciudad), quedándo huérfano muy pronto, a los 20 años.
Al perder a sus padres decició vender todas sus posesiones y peregrinar a Roma.
Al poco de comenzar su peregrinación se desató en Europa la epidiemia de la peste negra que acabó con la vida de 1/3 de la población europea.
A partir de ese momento San Roque, que siempre había tenido devoción por los pobres y por los enfermos, y probablemente contando con algún conocimiento de medicina ya que en su ciudad natal se encontraba la que por entonces era una de las Facultades de Medicina más prestigiosa de Europa (fundada en el S. XIII), comenzó a atender a los enfermos que habían contraido la enfermedad.
En su camino a Roma, cuando se encontraba en la provincia de la Toscana, en concreto en la ciudad de Acquapendente, se dispuso a ayudar en su hospital a los enfermos de la peste.
A muchos los curó haciéndoles tan sólo la señal de la Cruz en la frente, a otros los ayudó en el "Buen Morir", y a otros muchos que fallecían, él mismo les cavaba las tumbas y les daba sepultura, ya que nadie se quería acercar a los cadáveres por miedo al contagio.
Siguiendo su peregrinar en la ciudad de Cesanea curó a un Cardenal, el cual lo presentaría con posterioridad al Papa. En Rimini continuó sanando a la gente y predicando el evangelio, pero cuando llegó a Piacenza contrajo la enfermad, y se retiró al bosque, a una cueva, para no suponer una carga ni una fuente de contagio para nadie.
Pero Dios, en su infinita Misericordia, tenía otros planes para el bueno de Roque, y apareció un perrito que le llevaba cada día una rosquilla de pan (en aquella época los panecillos se hacían con ésta forma), y además, le lamía las ulceras que la enfermad había producido en su cuerpo.
Este perrito pertenecía a Gottardo Pallastrelli, un hombre acomodado, y al ver que repetidamente su perro cogía una rosquilla de la mesa y abandonaba la casa deció un día seguirlo. El buén hombre al ver a San Roque y presenciar lo que su querida mascota estaba haciéndo con él, decidió hospedarlo a su casa, donde tanto él como su entrañable mascota, lo alimentaron y cuidaron, mientras San Roque lo instruía en el Evangelio.
Cuando San Roque sanó el Sr, Pallastrelli decidió peregrinar como había hecho él a Roma.
Una vez sanado, decidió volver a Montpellier, pero en un pueblo del norte de italia, fue detenido bajo la acusación espionaje, y mandado ha prisión, donde estuvo entre 3 y 5 años hasta su fallecimiento, probablemente en torno al año 1378.
Algunos historiadores creen que falleció en la prisión de Montepellier, pero otros muchos sitúan su muerte en la carcel de Angera, ciudad en la que había sido apresado.
San Roque perteneció a la 3ª Orden de los franciscanos, una rama de esta congregación reservada a las personas laicas que quieren vivir bajo la espiritualidad de San Francisco de Asís. Este hecho fué reconocido por el Papa Pío IV en 1547.
Fue declarado Santo por el Papa Gregorio XIII.
San Roque es junto a San Sebastian el abogado de las epidemias, en especial de la peste, y junto a San Antonio Abad el patrón de los animales, en especial de los perros. Su culto, en lo que a mascotas se refiere, está muy extendido en especial en sudamerica, donde es muy frecuente encomendarse a él, cuando nuestras mascotas enferman o se pierden.
El "Acta Brevoria", es el texto más fideligno de la vida de éste santo, redactada en el Norte de Italia, de autor anónimo, pero de la que la mayoría de los historiadores creen que fue escrita por el propio Gottardo Pallastrelli, probablemente hacia el 1430.