sábado, 14 de mayo de 2016

PENTECOSTÉS 2016


ENVÍA TU ESPÍRITU



Estamos en el tiempo de la plenitud del Espíritu Santo. Él es nuestro gran defensor, es el que impulso a Jesús en la vida pública, y ese mismo espíritu guío a la Iglesia en sus primeros pasos, y es más, no podemos olvidar que es ese mismo impulso el que nos sostiene y nos ánima a permanecer en la Iglesia de Cristo.

Concluyen en Pentecostés los cincuenta días de la Pascua y lo conmemoramos junto con la efusión del Espíritu Santo sobre los discípulos en Jerusalén, los orígenes de la Iglesia y por lo tanto, la misión de la Iglesia, una misión a la que se incorpora toda la humanidad, y que somos todos copartícipes. Por nuestra condición de bautizados, y por la gracia recibida en el bautismo nos incorporamos a la misión.

La presencia del Espíritu tiene una triple finalidad: primero continuar en la Iglesia en el plan de la historia de la salvación para con toda la humanidad; segundo: para llevar a término la obra comenzada por Cristo después de la Ascensión del Señor y convertir de esta manera a los discípulos en mensajeros de paz y perdón; y tercero: para que el Espíritu Santo comunique sus dones a sus fieles a favor del bien común y de la Iglesia.

Los dones del Espíritu Santo son siete: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.

Que al igual que los discípulos en Pentecostés podamos llenarnos de la gracia para poder entendernos todos los hombres con el lenguaje universal del Evangelio que es la caridad y el amor.

Dejemos que el Espíritu actúe en nuestras vidas para llevar a término la misión encomendada a la Iglesia que es el anuncio del Evangelio, de la verdad que nos hace libres.


JAVIER ABAD CHISMOL

viernes, 22 de abril de 2016

V DOMINGO DE PASCUA C-2016


HE AQUÍ QUE HAGO TODAS LAS COSAS  NUEVAS



Nos encontramos ante una Iglesia naciente, una Iglesia joven que nace en medio del anuncio del Kerigma y de la persecución. Pablo y Bernabé visitaron las distintas comunidades con el objetivo claro de dar ánimo a todos y a ser capaces de perseverar a pesar de las persecuciones. Como siempre nos viene ese sentimiento de desconcierto, de no entender, de cómo el anuncio del Evangelio, de la Buena Noticia, que es algo bueno para el hombre, es rechazado en muchas ocasiones de una manera cruenta, porque no es que aparten la mirada, sino que el rechazo se hace activismo y llega incluso a querer acabar la vida de los cristianos y de sus mensajeros.
Esto nos llena de dudas a todos nosotros, “la tribulación es una prueba”, porque no siempre haciendo las cosas bien, es decir, haciendo la voluntad de Dios, recibimos el bien, ¿es la cruz un fracaso de Dios? Es un intento de matar a Dios, pero no un fracaso porque él vence la muerte con la resurrección, y no toma en cuenta el mal del hombre porque quiere que todos los hombres se salven.
San Juan contempla en el Apocalipsis, como Dios vence al mal y a los poderes de este mundo, vence la injusticia, el dolor, la muerte, el que cree en Jesucristo se convierte en una criatura nueva, pasa de la muerte a la vida, es el peregrinar desde la Jerusalén terrestre a la Jerusalén celeste, es la  victoria del bien sobre el mal, de la vida sobre la muerte.
Jesús nos invita a no caer en las actitudes del mundo, nos llama al amor y la caridad, y esta empieza entre los más cercanos, no podemos decir que amamos al señor si luego entre nosotros nos odiamos, nos dice Jesús que reconocerán que somos discípulos por el amor de unos a los otros.
Javier Abad Chismol


viernes, 15 de abril de 2016

IV SEMANA DE PASCUA C-2016


“YO DOY LA VIDA POR LAS OVEJAS”


Los discípulos estaban llenos de ánimo y esperanza para seguir anunciando al Señor, para decir en todos los pueblos y en todas las plazas que Cristo había muerto por todos ellos, que se había entregado para la salvación del mundo. No hacían caso de los ataques sistemáticos de los judíos, que no reconocían a Jesús, que afirmaban que era un blasfemo y un farsante, que no se reconocían culpables de la muerte de ese, de ese falso mesías.

La envidia les podía, no lo podían soportar, y es curioso esos eran los religiosos, lo mismo ocurre en nuestro mundo, muchos de los que dicen ser religiosos, cristianos o católicos, luego resulta que no ven nada en Jesús, no cumplen los mandatos, no vive según el Evangelio, la religión como una forma concreta de actitud, es decir, apariencia religiosa pero fondo ateo.

Juan vio en su sueño del Apocalipsis una muchedumbre inmensa, los que venían de la gran tribulación, los que han vencido la muerte, el pecado, la tiniebla, es la trascendencia de este mundo, donde no habrá ni llanto, ni sufrimiento, ni dolor, son los que han sido purificado por la sangre del cordero, es decir, Jesús muere por nosotros baja a los infiernos y nos salva, nos saca del error y del engaño, ese engaño que busca una felicidad abstracta al margen de Dios.

Hoy escuchamos la voz del buen pastor, aquel que da la vida por sus ovejas, que las cuida, las protege, porque no quiere que ninguna se pierda, porque no quiere que andemos como ovejas sin pastor, porque no quiere que caigamos en manos del mal, de los lobos de este mundo que quieren devorar al rebaño.

Nosotros conocemos su voz, y le seguimos, no es decir un si pequeño, es llevarlo a plenitud y en coherencia en nuestra vida nuestro ser cristiano.

Javier Abad Chismol


sábado, 9 de abril de 2016

III DOMINGO DE PASCUA C-2016



HAY QUE OBEDECER ANTES A DIOS QUE


 A LOS HOMBRES



El ser humano está tentado a desobedecer a Dios, de querer engañarlo, de ignorarlo o de esquivarlo, de preferir las cosas del mundo antes que la oferta de Dios. Todo fruto de la debilidad del corazón, de la tentación del maligno y del abuso del hombre de la bondad de Dios. Siempre parece ser más atractivo aquello que aparentemente es más placentero más cómodo, que el esfuerzo de morir a uno mismo para seguir al Señor.

Hoy vemos como los discípulos eran regañados y amenazados por los fariseos y las autoridades del momento, no reconocían a Jesús, y menos que era el Mesías, y menos todavía de que eran culpables de la muerte de ese, de ese inocente o de ese farsante tal como defendían sus acusadores y culpables de su asesinato.

El mal actúa de este  modo, engaña, ocurre lo mismo como cuando un grupo terrorista justifica su acción en nombre de la política, de la opresión o de la libertad, es el asesinato justificado por la causa mayor. Lo mismo hicieron con Jesús ponía en peligro el poder de Roma y ponía en peligro la religión judía y su estatus, por eso lo mataron, porque la verdad que molesta se ahoga en la justicia de hombres que está pervertida por los poderes y afanes de este mundo. Por eso tenemos que obedecer antes a Dios que a los hombres, para no sucumbir a los poderes del mundo que provienen del maligno.

Los judíos se llenan de rabia, los castigan, pero ellos siguen adelante. Es la forma de demostrar el amor de Dios, ahora resuenan las palabras de Jesús en nuestro corazón y nos la interpela a cada uno de nosotros, nos pregunta ¿me amas? ¿Qué vamos a responder? Seguro que un sí rotundo, pero el Señor nos volverá a preguntar ¿me amas? Y al final con temor y temblor le diremos que si tímidamente, e incluso avergonzados porque nos damos cuenta de lo frágiles que somos, de la cantidad  de veces que como Pedro le negamos, nos avergonzamos.

Hoy le pedimos al señor que nos ayude, que nos de la fortaleza de volver a tirar las redes, de salir a pescar, de anunciar la Buena Noticia, que seamos valientes y que pongamos nuestra confianza en el Señor.


Javier Abad Chismol

jueves, 24 de marzo de 2016

JUEVES SANTO 2016


NOS AMÓ HASTA EL EXTREMO


Celebramos hoy un acontecimiento muy importante en nuestras vidas, un acontecimiento que actualizamos cada año, hoy conmemoramos el amor tan grande que ha tenido Dios con todos nosotros, un amor que llega hasta el extremo, que llega a sus máximas consecuencias.
Hoy muchos empiezan un periodo vacacional, un tiempo de ocio y de disfrute, muchos seguramente no sabrán bien incluso que es lo que estamos celebrando, en muchos lugares hoy jueves santo ya no es ni siquiera fiesta.
Para muchos el acontecimiento más importante de estos días es que comienza la primavera, el buen tiempo, y por lo tanto un momento ideal para tomar el sol y para descansar. Seguramente la cuaresma habrá pasado también completamente desapercibida, sólo se acordarán de la fiesta del carnaval y de un botellón gigante para festejar el cambio de estación.
Cada vez más el jueves santo se parece a aquella reunión de un grupo de hombres que se juntaron en una pequeña habitación para celebrar la última cena, la última cena del Hijo de Hombre con sus discípulos, con sus amigos, con su pequeño grupo de seguidores.
Hoy nos reunimos alrededor de la mesa del altar, para compartir el pan bajado del cielo, el misterio más grande de amor que el Señor ha dado a toda la humanidad, es el mismo Jesús que a través de las palabras de la consagración del pan y el vino se convierten en su Cuerpo y en sus Sangre, y se nos da a todos nosotros, pasa a formar parte de cada uno, es la culminación máxima de amor. Al hacerse accesible a la humanidad nosotros nos configuramos con Cristo, y es entonces cuando estamos capacitados para asemejarnos a Él, para que se pueda cumplir en nosotros pobres pecadores, la llamada a la santidad, a ser como Cristo y peregrinar por este mundo siguiendo las huellas del Maestro, que se hizo uno como nosotros para acompañarnos hasta el Padre.
Tanto amo Dios al mundo que nos entregó a su único hijo, y todo lo ha hecho por amor, Cristo a pesar de su condición divina no hizo alarde de su categoría de Dios, se hizo uno más con nosotros, pero además lo hizo para servir y amar a la humanidad entera hasta llegar hasta el extremo.
Se arrodillo ante sus discípulos para lavarles los pies, un gesto de humildad y de servicio, y es que el Hijo del Hombre ha venido a servir y no ser servido, ¿qué Dios se pone a servir? ¿qué amo de la casa sirve a sus criados? Sólo aquel que es el verdadero amor y busca el triunfo en la salvación de todos los hombres, que no quiere que ninguno de los que le ha dado el Padre se pierda, es el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas.
Pedro se negó a que Jesús le lavara los pies, pero aun así, Jesús le dijo con rotundidad, “si no te lavo los pies, no podrás contarte entre los míos”, y Pedro afirmo con rotundidad que sí, que las manos e incluso la cabeza.
Hoy conmemoramos y recordamos ese momento, la humildad del Señor, su entrega, su servicio, y su disposición a hacer la voluntad del Padre.
Hoy vemos a un Jesús sufriente, esperando que se cumpla la voluntad del Padre, Jesús sufre por nuestros pecados, por nuestra debilidad, y está dispuesto a cargar con nuestros pecados. Él que no había tenido pecado va a recoger los pecados de todos nosotros, se va a inmolar como el cordero de la pascua de los judíos, es el paso de Dios por y para toda la humanidad, ¡que amor tan grande!
Y es la sangre del cordero la que marca nuestras vidas, nuestras casas, nuestros acontecimientos, es ahí donde se encuentra la grandeza del Jueves Santo, es lo que celebramos hoy con gozo pero tristeza. Hoy contemplamos a un Jesús en el Huerto, sudando gotas de sangre, llorando, vemos al ángel del Señor ofreciéndole el cáliz de la salvación y de la redención, escuchamos al Jesús hombre, un Jesús sufriente que le pide al Señor que si el posible que pase este cáliz de amargura, un dolor que entrega hoy por todos nosotros, él es “el cordero de Dios que quita el pecado del mundo, dichosos los que están invitados a la Cena del Señor”.
Hoy nos consideramos indignos hijos tuyos, viendo nuestro pecado y nuestra miseria, no nos vemos dignos de que el Señor entre en nuestro interior, en nuestra casa, pero sabemos que solo un gesto, una palabra nos salvará y nos dará la gracia de la verdadera alegría y de la salvación.
Hoy vamos a vivir y a actualizar esos grandes misterios, la humildad del Señor para darse por nosotros, para que con el gesto del lavatorio de los pies lave nuestro pecado, nuestras idolatrías, nuestras miserias, nuestras dudas y prejuicios, hoy le dejamos al igual que Pedro que nos lave aunque no lo entendamos, pero no importa porque eso es la fe y la confianza., es la figura del sacramento del Bautismo.
Celebramos también que nos da su Cuerpo y su Sangre, nos da la Eucaristía, y nos hace estar en Comunión el Señor todos los días de nuestra vida, hoy compartimos ese momento con el Señor porque queremos ser contado entre sus amigos y seguidores.
Y por último, le acompañamos a Jesús en el Monte de los Olivos, contemplamos a unos discípulos que se duermen que no saben estar vigilantes al igual que nos ocurre a nosotros, porque no somos capaces de estar atentos, que abandonamos a Jesús porque tenemos muchos quehaceres y cosas que nos despistan. Hoy sentimos esa llamada a estar vigilantes porque no sabemos ni el momento ni la hora.
Acompañemos a Jesús en el misterio del amor, acompañemos a Jesús en su camino del calvario, compartamos esos mismos sentimientos que se reavivan en nosotros, y que nos recuerdan que Cristo se entregó por nosotros y nos amó hasta el extremo.

Javier Abad Chismol.

sábado, 19 de marzo de 2016

DOMINGO DE RAMOS 2016


EL SEÑOR VIENE VESTIDO DE

MAJESTAD


Celebramos la entrada triunfante de Jesús en Jerusalén. El Señor viene a nuestro encuentro, se hace presente en nuestras vidas, pasa por nuestro lado, lo hace de la misma manera que hace dos mil años, no lo hace con discreción, no lo hace a escondidas, lo hace públicamente.
Muchos salen con ramos y palmas, festejan que el Señor ha estado grande con nosotros y que por eso estamos alegres, ¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
Muchos mirarán con asombro por las calles, otros con cierto aire burlón, otros con indiferencia, pero muchos le miramos con alegría y gozo porque el Señor viene a nosotros, porque el Señor no se cansa de nosotros, porque cada año viene de nuevo para anunciarnos el camino de la salvación, y de nuevo también morirá por cada uno.
La bendición del Señor se hace presente, el designio salvífico de Dios se renueva, y también la oportunidad de caminar de nuevo hacia la Pascua, de quedar purificados de nuestros pecados, de poder volver a empezar de nuevo porque es Él el que carga con nuestras culpas.
El Señor nos ha dado todo lo que necesitamos para que podamos reconocerle y ser buenos enviados de Cristo al mundo para que seamos testigos de la verdad, para abatir a la mentira y al mal. Nos ha dado la palabra para dar aliento y ánimo al abatido, para ser transmisores de la palabra, es el Señor el que lo hace, es un milagro patente que el Señor nos da la fuerza, la fuerza de una Palabra que es viva y eficaz. Una Palabra que es capaz de transformar nuestras vidas y darnos “un corazón de carne” abierto al amor y a la entrega al modelo de Jesús, quien nos dio todo a cambio de nada.
Como dice Isaías el Señor nos ha abierto el oído para que reconozcamos su voz, para que no nos resistamos y nos echemos atrás, nos ha dado la fuerza y la valentía.
El Señor ha seguido adelante en la misión que el Padre le ha encomendado, y a Él al igual que a nosotros nos insultan, nos persiguen y nos calumnian. Podemos seguir adelante en el camino de la evangelización, no importan los ultrajes, ni la persecución, porque no podrán contra nosotros, estamos junto al Señor, y el es nuestro alcázar y nuestro refugio.
En el aparente fracaso está la victoria, después del dolor, del sufrimiento, de la injusticia, de lo absurdo, aparece la victoria, porque sabemos que el Señor nunca nos dejará, el no nos abandonará, el coraje se nos dará como añadidura junto con la dificultad de la misión encomendada por el Señor.
Cristo a pesar de ser Dios, se quiso hacer uno de nosotros, se rebajó de su condición divina, y lo hizo pasando por uno de nosotros, y no quiso privilegios, ni pertenecer a una casta especial, quiso ser uno más, y además quiso estar con los más pobres, con los más desfavorecidos, con aquellos que nadie quiere, nos dio una gran lección de amor y de solidaridad con todo el género humano. También nos pide a todos nosotros que acojamos a los más desprotegidos, a los que nadie quiere; a los no nacidos por comodidad y capricho de unos padres que no quieren problemas, a los ancianos que estén solos, a los huérfanos, a las personas con problemas y dificultades, a los enfermos.
Ese es el amor de Cristo, ese es el amor verdadero, pero ahora bien, no penséis que os responderán con amor todo lo que hagáis por los demás, porque del amor y la entrega, muchas veces os devolverán mal, un mal en forma de envidia, de calumnia, de injusticia, de insulto, de incomprensión, de persecución, e incluso de muerte como le ocurrió a nuestro Señor, y nosotros que somos sus discípulos no podemos ser menos que el Maestro, seguir a Cristo, significa estar dispuesto a abrazarse a la cruz.
Cristo se rebajó de su rango, y lo hizo por amor, lo hizo con el corazón y obedeciendo al Padre, no lo hizo con la cabeza, porque si lo hubiera hecho con el sentido común no habría ido a Jerusalén, ¿qué no sabía lo que le esperaba tras su entrada triunfal? Por supuesto que sabía lo que le ocurriría, pero quiso que se cumpliera la voluntad del Padre.
También nosotros tenemos que aceptar los retos que el Señor nos pone en nuestra vida, tener paciencia para que se cumplan los tiempos de Dios, para abrazarnos a la cruz, para tener la firme esperanza de que después de la cruz y el dolor viene la resurrección y la vida.
Escuchar y contemplar la pasión de Jesús es vivir, recordar y actualizar el gran amor que el Señor nos tiene a todos nosotros, porque somos hijos queridos y amados de Dios, que cuando el Señor pase por nuestras vidas podamos afirmar con alegría y con cantos ¡Bendito el que viene en el Nombre del Señor!


Javier Abad Chismol.

viernes, 11 de marzo de 2016

LA ADULTERA, V SEMANA DE CUARESMA C-2016


MIRAD VOY HACER ALGO NUEVO


Llegan las palabras de esperanza a un pueblo que está “sordo” y “ciego”, que está hundido ante el fracaso de la negación de Dios, de estar preso del pecado, de la infidelidad, es el destierro que no nos deja estar con Dios, tenemos  que morir al hombre viejo para que así brote algo nuevo en nosotros, en nuestras vidas, es la transformación del pecado a la gracia, de la muerte a la vida.

El pueblo tiene que ser de nuevo salvado, al igual que nosotros necesitamos y precisamos del amor de Dios, cada año vivimos la cuaresma, la sensación necesaria de volver nuestro rostro a Dios, porque estamos como cegados por nuestro egoísmo y necesitamos ese reencuentro, que el Señor nos vuelva a salvar del pecado.

De esa experiencia viene a cada uno de nosotros el verdadero conocimiento y práctica de nuestra fe, es decir, que para nosotros lo más importante es Cristo, para nosotros es vital y fundamental el Señor, es más, san Pablo llega a comparar la ausencia de Dios, la preferencia con las cosas del mundo con el estiércol. Que no dejemos a Dios lo secundario, que sepamos donde debe estar nuestra confianza, esa es la verdadera verdad, esa es nuestra vida y por lo tanto nuestra meta y nuestro fin.

De tal manera que anhelemos la misma muerte que el Señor, porque busco de todo corazón la resurrección, debo morir a las cosas del mundo para así tener la vida que permanece, y es la salvación. Corremos hacia la meta, pero ahora ya sabemos lo que queremos y lo que buscamos.

De nuevo los judíos ponen a prueba a Jesús, quieren pillarlo con sus propias palabras, quieren que su lengua, sus palabras, sean su verdugo, quieren que se rebele contra la ley de Moisés y de esta manera tener motivo para condenarlo como blasfemo, como enemigo de Dios.

Le ponen una mujer delante de ellos, una mujer que había cometido adulterio, y la ley dice que tenía que morir apedreada, le preguntaron a Jesús que hacían. De nuevo las palabras de Jesús les desconcertado, “El que esté libre de pecado que tire la primera piedra” y poco a poco se fueron todos retirando, Jesús le dijo, ya no están tus acusadores, por lo tanto ya puedes irte;” veté y no peques más”.

Así nosotros experimentamos que  el Señor nos perdona de la infidelidad y de la acusación a nuestros hermanos, es que en definitiva brote algo nuevo en nosotros.


Javier Abad Chismol